Día del Niño: una celebración que vuelve a poner a la familia mercantil en el centro

Día del Niño: una celebración que vuelve a poner a la familia mercantil en el centro

El Centro de Empleados de Comercio, Filial Río Grande y Tolhuin, volvió a desplegar una jornada cargada de emoción, regalos, juegos y espectáculos para las familias de los trabajadores mercantiles. El sábado 15 de agosto la celebración llegó a Tolhuin y el domingo 16 tuvo su gran encuentro en Río Grande, con bicicletas, pata-pata, juguetes, castillos inflables, maquillaje artístico, payasos y shows especialmente preparados para que los más pequeños fueran los grandes protagonistas.

Río Grande.- Hay imágenes que explican por sí solas el sentido de una celebración. La mirada de un niño frente a una bicicleta, la indecisión ante una interminable variedad de juguetes o la sonrisa de un padre que sabe que su hijo acaba de recibir algo que, quizás, no hubiera podido regalarle, son algunas de ellas.

Esas escenas se repitieron durante el fin de semana en Tolhuin y Río Grande, donde el Centro de Empleados de Comercio llevó adelante una nueva edición de su tradicional festejo por el Día del Niño destinado a toda la familia mercantil.

El sábado 15 de agosto, la propuesta se desarrolló en Tolhuin, mientras que el domingo 16 fue el turno de Río Grande. En ambas localidades, el gremio volvió a sostener una iniciativa que, según explicó su Secretario General, Daniel Rivarola, se mantiene desde hace años como uno de los encuentros más esperados por los afiliados y sus familias.

“Es un lindo proyecto de años, de festejar el Día del Niño junto a toda la familia mercantil”, señaló Rivarola, destacando que la satisfacción más grande para quienes trabajan en la organización aparece cuando observan “la carita de las y los nenes recibiendo ese lindo regalo de sorpresas” y la felicidad de los padres por poder compartir ese momento junto al Centro de Empleados de Comercio.

La sonrisa que justifica todo el esfuerzo

Para Rivarola, el verdadero reconocimiento al esfuerzo realizado durante meses no está en otro lugar que en las expresiones de los chicos.

En Tolhuin, uno de los momentos más significativos se produjo cuando las niñas y los niños recibieron sus bicicletas. La escena se repitió de manera espontánea: pequeños expectantes mirando las bicicletas, observando cuál podían llevarse y soñando con la posibilidad de convertirse en uno de los afortunados del sorteo.

“Lo que paga esto es la carita de los nenes”, resumió el dirigente mercantil.

La emoción también apareció a la hora de elegir los juguetes. La variedad ofrecida por el gremio hizo que más de uno se tomara su tiempo para decidir. “Se tardan mucho en decidirse”, contó Rivarola entre risas, explicando que precisamente esas situaciones son las que terminan justificando el trabajo y el sacrificio que implica mantener esta celebración año tras año.

Porque detrás de cada regalo existe una decisión institucional: sostener la presencia del gremio en la vida cotidiana de las familias mercantiles, no solamente a fin de año o durante el inicio del ciclo escolar, sino también en momentos destinados exclusivamente a compartir, disfrutar y celebrar con los más chicos.

“Queremos que ellos, los chicos, estén bien”, expresó.

Bicicletas que se convierten en sueños

Entre todos los regalos, las bicicletas ocupan un lugar especial. Para muchas niñas y niños, recibir una de ellas representa mucho más que llevarse un premio a casa.

Rivarola contó que, cada vez que consultan a los pequeños que resultan favorecidos en los sorteos, aparecen respuestas que permiten comprender la dimensión del gesto. Algunos aseguran que no tenían bicicleta y otros cuentan que solamente disponían de una bicicleta vieja.

La emoción adquiere todavía mayor significado en el caso de los más pequeños, aquellos que quizás todavía no comprenden completamente qué están recibiendo, pero que se encuentran ante su primera bicicleta.

Este año, además, el gremio decidió reemplazar los tradicionales triciclos por los denominados “pata-pata”, entendiendo que se trata de un elemento que los niños disfrutan especialmente durante sus primeros años.

Y detrás de cada chico aparece también la emoción de los padres. “Se les ve hasta las caritas a los padres que se alivian al tener, obviamente, un objeto que quizás ellos no le podían regalar”, explicó Rivarola.

De esa manera, un sorteo se transforma en una experiencia familiar y un regalo termina teniendo un significado que trasciende lo material.

Juegos, colores y espectáculos para toda la familia

La celebración no se limitó a la entrega de juguetes y bicicletas. Como ocurre año tras año, el Centro de Empleados de Comercio preparó una propuesta integral para que los niños pudieran disfrutar de una jornada diferente.

Los castillos inflables volvieron a formar parte de la fiesta, al igual que una de las actividades que más disfrutan los pequeños: el maquillaje artístico.

A ello se sumaron los payasos y distintas propuestas recreativas que completaron una jornada pensada especialmente para ellos.

Pero este año hubo además una apuesta especial: acercar a Tierra del Fuego espectáculos provenientes de Buenos Aires, con el objetivo de que los chicos pudieran disfrutar en vivo de propuestas que muchas veces solamente conocen a través de la televisión.

“Queríamos que vean algo distinto, que no sea simplemente lo local”, explicó Rivarola, remarcando que la intención fue brindarles experiencias que habitualmente no tienen la posibilidad de disfrutar de manera presencial.

Entre las propuestas se presentó un reconocido mago, que llegó por segunda vez a la provincia, y también un equipo de payasos integrado por Pomelo y Manzana Verde.

La propuesta fue presentada primero en Tolhuin y luego llegó a Río Grande, donde el mayor espacio disponible permitió disfrutar todavía más del espectáculo.

Mantener la celebración pese a un escenario difícil

La realización del festejo adquiere una dimensión particular si se observa el contexto económico y laboral que atraviesan actualmente muchas familias.

Rivarola reconoció que el esfuerzo para sostener la actividad es grande y que el gremio también se encuentra atravesando dificultades económicas que obligaron a frenar o postergar algunos otros beneficios.

Sin embargo, existe una decisión concreta: que esta celebración no se pierda.

“Estamos en un momento muy complicado. Hemos tenido otro problema económico que nos ha frenado en algunos otros beneficios, pero este es el que no queremos perder”, afirmó.

La frase resume una prioridad institucional. En medio de las dificultades, la organización buscó preservar un espacio de alegría para los hijos de los trabajadores mercantiles, entendiendo que una jornada de estas características también contribuye a fortalecer los vínculos entre las familias y la institución gremial.

Una mirada puesta también en los trabajadores

Más allá de la celebración, Rivarola aprovechó el encuentro para referirse a una realidad que atraviesa a buena parte del sector laboral.

El dirigente mercantil sostuvo que el momento económico y laboral es complejo y que, detrás de cada celebración, también existe la preocupación cotidiana de numerosos trabajadores y trabajadoras que deben enfrentar dificultades cada vez mayores para sostener sus hogares.

Por eso, consideró necesario que el sector gremial mantenga la mirada puesta en aquellos compañeros que han ido perdiendo sus fuentes laborales y en la búsqueda de alternativas que permitan revertir esa situación en el futuro.

“No es el momento de hablar de un día de fiesta, pero sí tenemos que compenetrar lo que nos está pasando a diario, de los compañeros que se van quedando sin empleo y ver de qué manera podemos revertirlo en el futuro”, manifestó.

Así, mientras durante el fin de semana las sonrisas de los niños ocuparon el centro de la escena, detrás de esa alegría también estuvo presente una preocupación mayor: acompañar a las familias mercantiles en un escenario que exige esfuerzo, compromiso y solidaridad.

Una tradición que busca no detenerse

El Día del Niño volvió a convertirse para el Centro de Empleados de Comercio en mucho más que una jornada de regalos. Fue la continuidad de un proyecto que lleva años y que busca estar presente en distintos momentos de la vida de las familias afiliadas.

Tolhuin primero y Río Grande después fueron escenario de una celebración donde las bicicletas, los juguetes, los pata-pata, los castillos inflables, los colores del maquillaje artístico, los payasos y los espectáculos se combinaron para construir una jornada diferente.

Pero, por encima de todo, quedaron las miradas de los chicos.

Esas miradas que se detenían frente a una bicicleta esperando escuchar su nombre. Esas pequeñas manos que recorrían los juguetes intentando encontrar el elegido. Esas sonrisas que, para quienes organizaron el encuentro, representan la recompensa más importante.

En tiempos complejos, el Centro de Empleados de Comercio decidió volver a hacer un lugar para la alegría. Y durante dos jornadas, en dos ciudades, fueron los niños quienes tuvieron la última palabra: jugando, soñando y celebrando un Día del Niño que el gremio volvió a sostener con esfuerzo y compromiso, convencido de que, aun cuando las circunstancias sean difíciles, hay tradiciones que vale la pena mantener.

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