La Asociación de Residentes Jujeños de Río Grande transita una nueva etapa de crecimiento, con obras en su predio, nuevas propuestas culturales y una fuerte presencia comunitaria. Su presidenta, Fernanda Fabrego, destacó el acompañamiento de jóvenes y mujeres, la incorporación de actividades gratuitas y una agenda que busca mantener vivas las tradiciones jujeñas sin dejar de mirar hacia toda la sociedad riograndense.
Río Grande.- Hay lugares que no necesitan demasiadas palabras para contar una historia. Basta con observar sus paredes, sus mesas, el movimiento de quienes llegan, la comida que se prepara o una guitarra que espera su momento. En la sede de la Asociación de Residentes Jujeños de Río Grande, ubicada en Las Azucenas N° 845, en la Margen Sur, cada modificación reciente habla de una institución que, después de más de 27 años de trayectoria, continúa buscando nuevas formas de crecer sin perder aquello que la identifica.
La presidenta de la entidad, Fernanda Fabrego, atraviesa su primer mandato al frente de la institución y lo hace acompañada por un grupo donde las mujeres y los jóvenes comenzaron a ocupar un espacio cada vez más significativo.
El crecimiento también se refleja en lo material. Durante este año, la asociación avanzó con la construcción de un nuevo paredón y amplió el edificio, aprovechando materiales que ya habían sido adquiridos y acelerando los trabajos antes de la llegada del invierno.
“Nos apuró el invierno”, explicó Fabrego al recordar el proceso. El objetivo era avanzar todo lo posible antes de que las condiciones climáticas complicaran las tareas y, finalmente, el esfuerzo permitió estrenar el espacio ampliado con una actividad que sintetiza buena parte del espíritu de la institución: una peña.
La propuesta llevó el nombre de “Éxodo Jujeño” y funcionó como una prueba piloto para una asociación que pretende repetir la experiencia. Aunque en esta oportunidad no pudieron utilizar un espacio de mayores dimensiones como en años anteriores, decidieron transformar la propia sede en escenario de encuentro.
“Queremos que no sea la primera, queremos que sean más”, resumió la presidenta, dejando en claro que el crecimiento edilicio no constituye solamente una mejora de infraestructura, sino una herramienta para multiplicar las actividades.
Una peña, mucho trabajo y una tradición que se comparte
La jornada permitió poner en funcionamiento el nuevo espacio y, detrás de la celebración, hubo un trabajo que comenzó mucho antes de que llegaran los invitados.
Mientras parte del grupo de mujeres se ocupaba de la elaboración de la comida, Fabrego, junto a Eugenio Quispe y otros colaboradores, trabajabaron en la decoración, el armado del salón y la organización de las mesas y las sillas.
El menú también fue una manera de trasladar Jujuy a Río Grande. Picante de lengua, empanadas de pollo y carne y locro fueron algunas de las comidas preparadas para la ocasión, en una elaboración que demandó buena parte de la jornada.
La escena resume una característica que Fabrego considera fundamental: el trabajo colectivo.
La asociación cuenta además con una nueva contadora, recientemente recibida en la Universidad de Tierra del Fuego, que comenzó este año a acompañar la gestión. Para la presidenta, la incorporación de nuevas personas y, especialmente, de jóvenes, permite imprimirle una dinámica diferente a una institución que busca renovarse.
Fabrego, además, transita el último tramo de su actual mandato. Según explicó, existe el pedido para que continúe al frente de la asociación, aunque reconoce que deberá evaluar esa posibilidad debido a nuevas actividades y responsabilidades personales que no tenía antes de asumir la presidencia.
Una institución que no trabaja solamente para los jujeños
La Asociación de Residentes Jujeños lleva más de 27 años vinculada con la comunidad riograndense. Durante ese tiempo, sus actividades trascendieron la celebración de las fechas tradicionales de Jujuy para involucrarse en diferentes acontecimientos de la ciudad, participar de fechas patrias, colaborar con otras instituciones y desarrollar acciones solidarias.
Fabrego remarcó que el espíritu de la entidad no consiste en trabajar exclusivamente para la comunidad jujeña.
Las puertas están abiertas para todos aquellos que quieran acercarse, independientemente de su lugar de nacimiento. Incluso quienes no sean oriundos de Jujuy o de otra provincia pueden asociarse y participar de las propuestas.
La intención es que la sede deje de ser solamente un punto de reunión para los residentes y se transforme progresivamente en un espacio disponible para toda la comunidad.
En ese sentido, el predio cuenta también con una cancha de fútbol que es utilizada por vecinos y equipos que realizan allí sus prácticas. La ampliación y las mejoras realizadas durante este año fortalecieron la intención de abrir todavía más las instalaciones.
“Queremos abrirlo para la comunidad también, para que venga y haga sus actividades”, sostuvo Fabrego.
Cultura que se fabrica, se aprende y se transmite
Uno de los aspectos más interesantes de esta nueva etapa aparece en las propuestas destinadas a preservar y transmitir la cultura.
Actualmente, la institución impulsa un curso gratuito de instrumentos andinos, dictado todos los sábados de 18:00 a 20:00 en la sede ubicada en Gobernador Anadón N° 1041, en Chacra II.
La actividad está a cargo del profesor Néstor Cazón y presenta una particularidad: los instrumentos no solamente se enseñan a tocar, sino que también son fabricados por los propios participantes.
La propuesta busca recuperar conocimientos culturales que, con el paso de las generaciones, corren el riesgo de perderse.
La primera clase ya se realizó y la convocatoria comenzó a despertar interés entre vecinos de distintos sectores de Río Grande. La participación es gratuita y está abierta a toda la comunidad.
Entre quienes se acercaron apareció también Roma Alancay, veterano de guerra, quien tenía una asignatura pendiente: aprender a tocar sikuri.
Su presencia en la clase terminó convirtiéndose en una de esas pequeñas historias que reflejan el verdadero sentido de una propuesta cultural. No se trata solamente de conservar una tradición, sino de permitir que nuevas personas puedan descubrirla, aprenderla y hacerla propia.
La asociación también proyecta recuperar otros talleres y actividades que en años anteriores permitieron combinar cultura, elaboración de elementos y participación comunitaria.
Del predio hacia la comunidad
La apertura no queda limitada a las actividades propias de la institución.
Fabrego adelantó que existen conversaciones con Casa Municipal para desarrollar diferentes propuestas en el predio, entre ellas algún seminario. El antecedente inmediato fue la actividad realizada durante agosto por la Pachamama, organizada junto a Casa Municipal.
Ese vínculo con otras instituciones forma parte de una manera de entender el trabajo asociativo que los Residentes Jujeños vienen sosteniendo desde hace años.
La intención es que el predio pueda ser utilizado para encuentros, actividades culturales, propuestas deportivas y diferentes iniciativas que permitan generar mayor participación.
En definitiva, el nuevo paredón, el edificio ampliado y los espacios renovados son solamente la parte visible de una transformación más amplia.
Una agenda que todavía tiene mucho por delante
El calendario de la Asociación de Residentes Jujeños todavía guarda varias páginas para completar.
En octubre llegarán los festejos vinculados con la Virgen del Río Blanco y Paypaya, una celebración muy significativa para la comunidad jujeña. Fabrego destacó especialmente el trabajo de Clarice Ramírez, quien se encuentra muy involucrada en el acompañamiento de la Virgencita y en las actividades relacionadas con esta tradición.
También está previsto un encuentro por el Día de la Madre, además de la intención de continuar desarrollando nuevas peñas como la realizada recientemente.
Quedó pendiente, asimismo, una actividad destinada a los niños. La presidenta explicó que durante agosto, debido a las diferentes propuestas relacionadas con el 23 de agosto y la tradicional quema conmemorativa, no pudieron concretarla. Aunque septiembre ya está en marcha, la idea permanece vigente y se pretende realizarla para que los más pequeños también tengan su propio espacio dentro de la asociación.
Después llegará diciembre, momento en que la institución prevé cerrar el calendario anual de actividades.
Una sede que cambió y que invita a quedarse
Quienes conocen el predio desde hace años pueden comprobar rápidamente la transformación.
La propia Fabrego lo reconoce cuando invita a los vecinos a acercarse: muchos de quienes regresan después de un tiempo se sorprenden al observar cuánto cambió el lugar.
El espacio, que tradicionalmente recibe una importante concurrencia durante los carnavales de febrero, ahora cuenta con una estructura más cerrada y confortable, preparada para enfrentar las condiciones climáticas de Río Grande.
“Ahora está más cerrado, está más calentito”, graficó la presidenta.
Pero detrás de esa frase sencilla aparece un objetivo mucho más profundo: que la gente quiera entrar, quedarse, compartir y volver.
Juventud, comunicación y una nueva mirada
La renovación también se advierte en la comunicación institucional.
Hasta hace poco, la asociación no contaba con Instagram. Hoy dispone de esa herramienta gracias al acompañamiento de jóvenes que se fueron incorporando al espacio.
Fabrego mencionó especialmente a Alejandro, del Grupo Munay, como uno de quienes colaboraron para poner en marcha la nueva plataforma.
La entidad mantiene su presencia en Facebook como Asociación de Residentes Jujeños – Río Grande – TDF y sumó Instagram bajo el nombre @jujuyenrg, donde difunde sus eventos y actividades.
Para Fabrego, esta incorporación representa algo más que sumar una red social: demuestra que hay una generación joven que está acercándose y aportando nuevas ideas.
“Hay mucha gente joven que se está sumando”, destacó la presidenta, incluyéndose también dentro de ese proceso de renovación.
Las puertas están abiertas
La invitación final de Fernanda Fabrego no necesita demasiados adornos. La Asociación de Residentes Jujeños de Río Grande quiere que los vecinos conozcan su nueva sede, participen de sus actividades y descubran que detrás de una institución nacida para mantener viva una identidad provincial existe hoy un espacio dispuesto a recibir a toda la comunidad.
Las Azucenas N° 845, en la Margen Sur, se convirtió así en mucho más que una dirección.
Es el lugar donde se cocina un locro, se prepara una peña, se fabrica un instrumento andino, se aprende a tocar un sikuri, se practica fútbol, se planifican seminarios, se celebra a la Virgen, se comparte una fecha patria y se mantienen vivas tradiciones que viajaron miles de kilómetros hasta instalarse en el extremo sur.
Y en ese camino, la asociación sigue creciendo. Con paredes nuevas, con una sede renovada, con mujeres que sostienen la gestión, con jóvenes que aportan nuevas herramientas y, sobre todo, con una idea que atraviesa toda la conversación con su presidenta: conservar las raíces no significa encerrarse en ellas, sino abrirlas para que otros puedan conocerlas, compartirlas y mantenerlas vivas.




