Eugenio Quispe, uno de los históricos colaboradores de la Asociación de Residentes Jujeños de Río Grande, repasó 18 años de compromiso con una institución que nació desde la identidad y que hoy proyecta un espacio propio para toda la comunidad. La Peña Éxodo Jujeño volvió a reunir a jujeños y vecinos de la ciudad, en un predio que representa mucho más que una sede: es la expresión concreta de un sueño colectivo que todavía tiene una meta por cumplir, la construcción de un gimnasio.
Río Grande.- Hay lugares que se construyen con ladrillos y otros que comienzan a levantarse mucho antes, cuando alguien se anima a imaginar que un sueño puede transformarse en realidad. En el caso de la Asociación de Residentes Jujeños de Río Grande, ese proceso lleva años de trabajo, sacrificio y, fundamentalmente, pertenencia.
Eugenio Quispe conoce buena parte de esa historia desde adentro. Hace aproximadamente 18 años que acompaña a la institución, especialmente desde el área deportiva, y aquella relación que comenzó alrededor del fútbol terminó convirtiéndose en un compromiso que atraviesa prácticamente todas las actividades de la Asociación.
La Peña Éxodo Jujeño fue, en esta oportunidad, una nueva expresión de ese camino. Una celebración pensada para la comunidad jujeña, pero abierta también a todos los vecinos y vecinas de Río Grande, en un predio que hoy comienza a mostrar los resultados de tantos años de insistencia.
“Hace 18 años que estoy al lado de la institución, sobre todo en lo deportivo, cuando comenzamos con el torneo del Éxodo Jujeño. Cuando lo hacíamos en el Polideportivo Carlos Margalot, con la Fiera Maidana, tantas veces hablábamos de que algún día tendríamos un predio, un espacio donde invitarte y disfrutar lo nuestro, sea poco o mucho, pero que sea de uno”, recordó Quispe.
Ese “algún día” finalmente llegó. Y para Eugenio, recibir hoy a quienes durante años acompañaron las distintas actividades de la Asociación tiene un significado especial.
“Después de 18 años de estar con nosotros, hoy podés conocer el predio y este nuevo lugar. Todo esto fue gracias al fútbol, gracias a la soberanía y gracias a lo cultural de esta institución, que venimos haciendo crecer año tras año”, sostuvo.
El predio: mucho más que un espacio propio
La adquisición y crecimiento del predio constituye uno de los principales logros de la Asociación. Allí, cada pared y cada avance representan parte de una historia construida colectivamente.
Quispe reconoce que el camino no fue sencillo, pero también deja en claro que nunca se trató de una búsqueda personal ni económica. El objetivo fue siempre generar un espacio para preservar las raíces jujeñas y, al mismo tiempo, abrir las puertas a toda la comunidad.
“Hay un cartel que dice ‘Asociación de Residentes Jujeños de Río Grande Pro Construcción de Gimnasio’. Ese fue el fin con el que pedí al Concejo Deliberante, al Municipio de Río Grande y al Gobierno de la Provincia que nos dieran un pedazo de tierra para hacer nuestro propio lugar y disfrutar de nuestras actividades”, explicó.
Sin embargo, el proyecto nunca quedó encerrado exclusivamente en la colectividad.
“No es solamente para los jujeños, sino para toda la comunidad de Río Grande, especialmente para este barrio de la Margen Sur, donde hace falta”, remarcó.
El sueño está encaminado, aunque todavía queda una parte fundamental por concretar: el gimnasio. Y precisamente allí aparece uno de los grandes desafíos para los próximos años.
“Todavía el sueño está, pero falta cumplir el gimnasio. Ya comenzamos y estamos en eso”, resumió Eugenio, con la convicción de quien sabe que cada paso conseguido alguna vez también pareció imposible.
Una institución que suma voluntades y profesionales
El crecimiento no se limita al predio. La Asociación también amplió sus vínculos y comenzó a incorporar profesionales y servicios que benefician a sus asociados.
Quispe destacó el acompañamiento recibido por parte de la comunidad de Río Grande, organismos públicos, empresas privadas y distintos profesionales.
Entre quienes se fueron sumando mencionó la incorporación de una nueva contadora, luego del reciente fallecimiento del profesional que durante años acompañó a la institución; una odontóloga que brinda atención a los asociados; una doctora vinculada a Mar Salud y la próxima incorporación de un abogado.
“Me enorgullece y me da placer tener profesionales que se están incorporando a nuestra institución”, manifestó.
También valoró el acompañamiento de empresas como BGH, SoldaSur y Autosur, además de distintos comercios y emprendimientos que colaboran con la Asociación.
Para Eugenio, esa participación demuestra que la institución logró trascender las fronteras de la colectividad y generar una relación más amplia con la ciudad.
El proyecto, además, no se concentra en un solo punto. La Asociación cuenta con este nuevo predio, otro espacio en Tolhuin y una sede ubicada en el barrio Chacra II.
La posta de una generación a otra
Dentro de ese crecimiento, Quispe observa con especial satisfacción la participación de jóvenes. La presencia de una conducción más joven, encabezada por Fernanda, actual presidenta de la Asociación, permitió incorporar nuevas generaciones a una estructura que durante años fue sostenida por quienes comenzaron el camino.
“Le agradezco a Fernanda porque, al ser más joven, también tiene la posibilidad de incorporar gente joven”, expresó.
El dirigente destacó que varios de los profesionales que hoy colaboran tienen raíces jujeñas: la contadora es hija de jujeños, al igual que otros integrantes que aportan desde diferentes áreas.
Para Quispe, esa continuidad es fundamental. No alcanza con conservar una tradición; también es necesario transmitirla para que pueda mantenerse viva con el paso del tiempo.
Y allí aparece una palabra que repite como una verdadera bandera: pertenencia.
“Yo le inculqué a Fernanda que tiene que tener sentido de pertenencia. Hoy ella es la máxima autoridad de la institución y merece todo nuestro respeto. Yo la acompaño en todas las áreas como uno de los referentes más antiguos”, contó.
Su permanencia, lejos de representar una carga, continúa siendo una elección personal.
“Lo hago de corazón. Me gusta esto”, aseguró.
El Éxodo Jujeño como símbolo de identidad y soberanía
La Peña no representa únicamente una reunión social. Para Quispe, el Éxodo Jujeño tiene una dimensión histórica que merece ser recuperada y difundida.
Su mirada une esa gesta con otro acontecimiento profundamente arraigado en la identidad fueguina y argentina: Malvinas.
“Siempre dije que queremos tener algún día esa esperanza de que, así como esperamos el 2 de abril, todo eso que es malvinero acá, por qué no esperar también el Éxodo Jujeño”, planteó.
Y explicó el motivo: “Es ni más ni menos que ahí donde nace nuestra independencia”.
Por eso, uno de sus grandes sueños es que el Éxodo Jujeño alcance en Río Grande un reconocimiento similar al que la comunidad expresa cada año alrededor del 2 de abril.
“Ese es el sueño mío y el sueño de la Asociación en su conjunto: que algún día el Éxodo Jujeño lo esperemos como Malvinas, por ese pueblo jujeño que ha dado tanto”, afirmó.
Es una manera de mantener viva la memoria, pero también de acercarla a quienes no conocen profundamente esa parte de la historia argentina.
Una casa abierta para todos
En el mensaje de Quispe aparece una definición que sintetiza la filosofía con la que pretende que continúe creciendo la Asociación.
“Soberanía, cultura y deporte” son para él tres pilares que no deben separarse.
Y junto a ellos, una idea de comunidad que excede cualquier diferencia.
“Acá somos todos argentinos y todos tenemos derecho a difundir, participar y compartir historias y tradiciones”, sostuvo.
Esa apertura explica también por qué la Asociación logró establecer vínculos con personas nacidas en Río Grande y provenientes de otras provincias. La identidad jujeña, lejos de transformarse en una frontera, aparece como una puerta de entrada hacia el encuentro.
La Peña Éxodo Jujeño vuelve a ser, entonces, mucho más que una celebración. Es una oportunidad para reunirse, recordar, compartir y mostrar cuánto puede crecer una institución cuando detrás existe compromiso.
Una familia que también lleva la historia a Jujuy
Antes de cerrar la charla, Eugenio quiso reservar un espacio para agradecer a quienes lo acompañan en silencio y, especialmente, a su familia.
“Quiero agradecer a mi señora, que me acompaña siempre, y a mis hijos”, expresó.
Y en ese momento apareció una historia que demuestra que la pertenencia también puede heredarse.
Su hija Luciana, a quien muchos conocieron desde pequeña vinculada a las actividades deportivas, comenzó a transitar su propio camino dentro del periodismo deportivo. Eugenio recordó que la vio crecer prácticamente desde que tenía un año y que hoy se encuentra avanzada en la carrera.
La historia familiar incluso cruzó nuevamente hacia Jujuy. Allí, Luciana recibió recientemente un certificado relacionado con su actividad como periodista deportiva en la zona rural de la provincia y comenzó a participar también en un club.
“Ellos llevan ese don desde acá hacia Jujuy”, señaló Eugenio con orgullo.
Así, aquello que alguna vez comenzó con una pelota, una cancha y un torneo terminó convirtiéndose en una forma de vida que atraviesa generaciones.
Un sueño que todavía tiene futuro
La Asociación de Residentes Jujeños de Río Grande tiene hoy un predio propio, una sede, espacios de trabajo, profesionales que se suman, jóvenes que toman la posta y una comunidad que acompaña.
Pero Eugenio Quispe sabe que la historia todavía no terminó.
Queda pendiente el gimnasio. Queda seguir creciendo. Queda continuar transmitiendo la cultura y mantener viva una identidad que viajó desde Jujuy hasta el extremo sur del país.
Y quizás allí radique el verdadero valor de este proyecto: no se trata solamente de construir paredes, sino de levantar un lugar donde las nuevas generaciones puedan reconocer de dónde vienen, encontrarse con su historia y compartirla con quienes hicieron de Río Grande su casa.
La Peña Éxodo Jujeño fue, una vez más, una fotografía de ese presente. Pero también una mirada hacia el futuro.
Porque después de 18 años de insistir, trabajar y acompañar, Eugenio Quispe sigue hablando de sueños. Y eso, en definitiva, es lo que mantiene en movimiento a una institución que aprendió que pertenecer también significa construir.




