Con apenas 16 años, la estudiante del Colegio Cono Sur de Río Grande conquistó dos primeros puestos en su debut en una competencia federada de salto hípico realizada en Puerto Madryn, Chubut. Alumna del Club de Campo La Cimarrona desde los 11 años, Juana Sandoval viajó acompañada por su padre Javier y su entrenadora Paula Galvarini. Detrás de este logro hay años de aprendizaje, entrenamientos durante el riguroso invierno fueguino y una profunda pasión por los caballos. Su desempeño constituye también un reconocimiento al trabajo de formación que desarrolla una de las instituciones pioneras de la equitación en Tierra del Fuego.
Río Grande, 8 de octubre de 2026 (Ramón Taborda Strusiat).- Hay triunfos deportivos que se celebran por los resultados obtenidos y otros que, además, cuentan historias de esfuerzo, sacrificio y sueños que comienzan a hacerse realidad. El de Juana Sandoval reúne ambas cosas.
Con apenas 16 años, esta joven amazona riograndense consiguió consagrarse campeona en dos categorías durante su primera participación en una competencia federada de salto hípico, desarrollada los días 26 y 27 de septiembre en Puerto Madryn, provincia de Chubut.
El resultado tiene un significado especial porque fue su primera experiencia fuera de Tierra del Fuego en un certamen de estas características, enfrentándose a un escenario desconocido, con un caballo que no era el suyo y bajo las exigencias propias de una competencia organizada dentro del ámbito de la Federación Ecuestre Argentina.
Juana, estudiante del Colegio Cono Sur, viajó acompañada por su padre, Javier Sandoval, y por su entrenadora, Paula Galvarini, integrante del Club de Campo La Cimarrona, institución en la que comenzó su formación ecuestre cuando tenía apenas 11 años.
Durante una entrevista realizada en Radio Universidad, ambas compartieron las emociones de una experiencia que superó sus propias expectativas y que representa un nuevo paso para el desarrollo del deporte ecuestre fueguino.
Dos campeonatos en su primera experiencia federada
Paula Galvarini explicó que la participación de Juana en Puerto Madryn significó un desafío importante, tanto por las características de la competencia como por la necesidad de adaptarse a un caballo diferente del que utiliza habitualmente en Río Grande.
“El concurso se desarrolló en la ciudad de Puerto Madryn los días 26 y 27 de septiembre. Juana hizo su debut, es la primera vez que participa en un concurso federado de la Federación Ecuestre Argentina. Así que saliendo campeona en dos categorías superamos todas las expectativas que teníamos”, expresó la instructora.
Galvarini señaló que la joven debió afrontar un formato de competencia diferente y adaptarse rápidamente a las características del animal que le fue asignado para participar.
La entrenadora destacó que, más allá de los resultados, la experiencia permitió comprobar el nivel de preparación alcanzado por su alumna después de años de entrenamiento en condiciones muy diferentes de las que encontró en Chubut.
Para Juana, el viaje significó mucho más que una competencia: fue la oportunidad de poner a prueba sus conocimientos, enfrentar los nervios propios del debut y demostrar todo lo aprendido.
“Tengo que confiar, porque yo sé que sé”
Durante la entrevista, Juana recordó con naturalidad los nervios que sintió al encontrarse frente a una competencia de mayor exigencia que aquellas en las que había participado anteriormente.
“Estaba muy nerviosa, es una experiencia muy de otro nivel”, reconoció.
Sin embargo, explicó que intentó concentrarse en su preparación y confiar en los conocimientos adquiridos durante sus años de entrenamiento.
“Yo dije: bueno, no tengo que estar nerviosa, tengo que confiar porque yo sé que sé”, relató.
Uno de los aspectos que más contribuyó a darle seguridad fue el vínculo que consiguió establecer con Hefesto, el caballo con el que participó en Puerto Madryn.
Aunque no era el animal con el que entrena habitualmente, Juana encontró en él un compañero que le permitió desarrollar los recorridos con mayor tranquilidad.
“Por suerte me tocó un caballo súper, súper manso, súper bueno. Hefesto se llama, y la verdad que eso me ayudó un montón porque siento que conecté bastante bien con él, nos pudimos entender”, contó.
La joven recordó que durante su primera pasada por la pista estaba tan concentrada y nerviosa que prácticamente no recuerda los detalles del recorrido.
“La primera pasada fue medio que no me acuerdo nada. Me acuerdo que entré y solo pasé”, relató entre risas.
Pero entonces llegó el anuncio que cambió todo.
Primer puesto.
A partir de ese momento, la confianza comenzó a reemplazar a los nervios y Juana pudo disfrutar de una experiencia que terminaría con dos campeonatos.
“Después de que me dijeron primer puesto ya como que ahí pude confiar un poquito más y estar relajada”, recordó.
Entrenar sobre la nieve: el esfuerzo silencioso detrás del triunfo
Detrás de los resultados obtenidos en Puerto Madryn existe una historia de perseverancia que su entrenadora considera tan importante como las medallas.
En Tierra del Fuego, practicar equitación implica enfrentar condiciones climáticas que durante buena parte del año dificultan las actividades al aire libre.
El viento, las bajas temperaturas, la nieve y las características del suelo representan desafíos permanentes para quienes practican salto hípico.
Sin embargo, Juana nunca dejó que esas dificultades interrumpieran su preparación.
Paula Galvarini recordó que su alumna continuó entrenando durante todo el invierno, incluso en jornadas en las que la pista estaba cubierta de nieve.
“Juana montó todo el invierno sin parar. Aunque la pista esté nevada, íbamos, pasábamos la rastra y montábamos igual”, relató.
La imagen resume buena parte de esta historia: una adolescente de 16 años, su entrenadora y un caballo, preparándose en medio del invierno fueguino para una oportunidad que todavía estaba por llegar.
No había garantías de triunfos ni certezas sobre los resultados. Solamente entrenamiento, disciplina y ganas de seguir aprendiendo.
“Eso también es lo que más contentos nos pone, porque se ven los frutos después de tanto esfuerzo”, expresó Galvarini.
Fortuna, el caballo que acompaña sus sueños
La relación de Juana con los caballos comenzó mucho antes de su participación en competencias de salto.
Según contó, desde pequeña sintió una atracción especial por estos animales y llegó a tener una yegua durante su infancia.
Después de la pandemia, cuando tenía aproximadamente 11 años, comenzó a asistir al Club de Campo La Cimarrona para recibir clases de equitación.
Con el tiempo, aquella actividad se transformó en una verdadera pasión.
A los 14 años recibió un regalo que marcó una nueva etapa en su formación: su propio caballo, Fortuna.
Desde entonces, ambos comenzaron a desarrollar un vínculo que fue creciendo con cada entrenamiento.
Fortuna permanece en Río Grande y es el compañero habitual de Juana en sus prácticas de salto hípico.
La joven explicó que la relación con los caballos forma parte de su vida desde la infancia y que la posibilidad de entrenar con su propio animal le permitió profundizar sus conocimientos y desarrollar nuevas habilidades.
Detrás de ese camino también estuvo el acompañamiento de su padre Javier, quien participó activamente para que pudiera continuar avanzando en el deporte que eligió.
Javier Sandoval, el padre que acompañó el sueño de su hija
El viaje a Puerto Madryn también tuvo un protagonista fundamental fuera de la pista: Javier Sandoval.
El padre de Juana acompañó a su hija y a Paula Galvarini durante esta primera experiencia competitiva fuera de la provincia.
Fue la propia adolescente quien recordó que los tres emprendieron juntos el viaje hacia Chubut.
“Nosotros arrancamos viaje los tres, mi papá, Paula y yo”, contó.
Su presencia refleja el acompañamiento familiar que requiere una disciplina deportiva como la equitación, donde los entrenamientos, el cuidado de los animales, los traslados y la participación en competencias demandan tiempo, dedicación y recursos.
El esfuerzo compartido permitió que Juana pudiera vivir una experiencia que hasta entonces formaba parte de sus aspiraciones deportivas.
Y aunque fue ella quien ingresó a la pista y superó los obstáculos, detrás de cada salto estuvieron también el apoyo de su familia y el trabajo de quienes acompañaron su formación.
La Cimarrona, una escuela pionera que celebra el crecimiento de sus alumnos
Desde el Club de Campo La Cimarrona, Stella Maris Alazard expresó el orgullo de la institución por el desempeño de Juana y destacó especialmente el proceso de formación que la joven desarrolló durante estos años.
Recordó que la amazona comenzó a tomar clases siendo muy pequeña, inicialmente con la instructora conocida como señora Alec, para posteriormente incorporarse a la disciplina de salto hípico.
“Juanita viene desde muy chica al club, primero tomando clases de equitación con la señora Alec, y luego empezando con la disciplina de salto hípico, ya hace un par de años”, señaló.
Alazard destacó que la adquisición de Fortuna también representó un paso importante en el crecimiento deportivo de Juana.
“Tiempo después logró comprarse su caballo, Fortuna, con un gran esfuerzo de ella y de su papá, empezando a entrenarlo y ya tomando las clases con su propio caballo”, explicó.
La referente de La Cimarrona valoró especialmente la evolución de aquella niña que comenzó aprendiendo los conocimientos básicos del mundo ecuestre y que hoy demuestra un nivel de preparación que le permite competir fuera de Tierra del Fuego.
Según expresó, ese proceso estuvo acompañado por una formación cada vez más exigente, orientada al perfeccionamiento técnico y al desarrollo de la disciplina necesaria para practicar salto hípico.
También resaltó que Juana consiguió destacarse en un club que no conocía y montando un caballo con el que solamente había tenido contacto pocos días antes del certamen.
“Para nosotros es un gran orgullo haber formado a esta alumna, en sus diferentes etapas”, manifestó.
Alazard recordó además que La Cimarrona ha desarrollado una trayectoria como institución pionera de la equitación en Tierra del Fuego, formando a niños desde los tres años y acompañando a alumnos que posteriormente participaron en competencias en distintos lugares del país.
El resultado de Juana representa, en ese sentido, una nueva satisfacción para quienes trabajan desde hace años en la enseñanza y promoción de este deporte.
Un paso importante para el salto hípico de Tierra del Fuego
Paula Galvarini explicó que la competencia de Puerto Madryn forma parte del calendario patagónico de Chubut, que contempla seis fechas anuales.
La participación de Juana se produjo durante la quinta fecha del calendario, coincidiendo con el cierre de la etapa clasificatoria para el certamen federal.
La entrenadora aclaró que, para acceder a esa instancia, los participantes deben acumular puntos a lo largo de las diferentes fechas, motivo por el cual Juana no podía clasificar habiendo participado solamente en una.
Sin embargo, destacó que la experiencia constituye un punto de partida para futuras participaciones.
Galvarini señaló que uno de los objetivos de La Cimarrona es continuar desarrollando el deporte ecuestre en Tierra del Fuego, mejorando las instalaciones, las pistas y los obstáculos utilizados durante los entrenamientos.
Recordó que meses atrás organizaron un torneo interno en el que pudieron desarrollar un recorrido de ocho vallas, similar al que Juana debió afrontar durante la competencia en Chubut.
La instructora consideró fundamental continuar difundiendo la actividad para que más personas puedan acercarse a la equitación y para generar nuevas oportunidades de competencia dentro de la provincia.
El desafío, explicó, es seguir creciendo de manera progresiva, fortaleciendo la preparación de los alumnos y ampliando las posibilidades de participación en certámenes regionales y nacionales.
Una joven que convirtió el esfuerzo en una alegría para Tierra del Fuego
El regreso de Juana Sandoval a Río Grande tiene un significado que va mucho más allá de los dos primeros puestos obtenidos en Puerto Madryn.
Su experiencia representa el resultado de años de aprendizaje, del acompañamiento familiar y de la dedicación de una escuela que continúa formando nuevas generaciones de amazonas y jinetes.
También demuestra que, aun en una provincia donde las condiciones climáticas imponen dificultades adicionales para la práctica de determinados deportes, es posible desarrollar una preparación que permita participar en competencias fuera del territorio fueguino.
Juana tiene apenas 16 años, continúa sus estudios secundarios en el Colegio Cono Sur y sigue compartiendo buena parte de su tiempo con Fortuna, el caballo que la acompaña en sus entrenamientos.
Seguramente todavía le quedan muchos recorridos por aprender, obstáculos por superar y experiencias por vivir.
Pero hay algo que esta primera competencia ya le dejó: la certeza de que el esfuerzo cotidiano puede dar sus frutos.
Aquella adolescente que durante el invierno montaba mientras su entrenadora preparaba una pista cubierta de nieve fue la misma que, semanas después, ingresó nerviosa a una pista desconocida en Puerto Madryn, montó a Hefesto y escuchó anunciar su nombre en el primer puesto.
Y volvió a repetirlo.
Dos campeonatos, una primera experiencia federada y una enorme alegría compartida por su padre Javier, su entrenadora Paula Galvarini y toda la comunidad del Club de Campo La Cimarrona.
Porque detrás de cada salto de Juana hubo mucho más que una competencia: hubo una familia acompañando, una escuela enseñando y una joven fueguina que nunca dejó de perseguir su sueño, ni siquiera cuando la nieve cubría la pista.




