En una jornada que debía estar atravesada por la memoria y la unidad, el acto central por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas en Ushuaia derivó en un fuerte episodio de tensión política e institucional. El veterano de guerra Daniel Guzmán irrumpió en pleno discurso del secretario de Malvinas, Andrés Dachary, y dejó al descubierto un profundo malestar en un sector de excombatientes por el “radar inglés” en Tolhuin.
Ushuaia.- El hecho ocurrió ante la presencia del gobernador Gustavo Melella, del mandatario bonaerense Axel Kicillof y el de La Rioja Ricardo Quintela, en un acto que, lejos de la solemnidad habitual, terminó atravesado por gritos, reproches y una fuerte carga emocional.
“Le mienten a los muertos”
Las palabras de Guzmán no dejaron lugar a interpretaciones. En declaraciones posteriores a La Gente TV, el excombatiente profundizó su postura con un mensaje cargado de indignación:
“No a nosotros, sino a los compañeros muertos. No podemos tolerar que nos vengan a mentir en la cara. Hay 649 compañeros a los que les están faltando el respeto”.
El veterano cuestionó directamente lo que considera una contradicción entre el discurso soberano y determinadas decisiones políticas. Apuntó, entre otros temas, a la instalación de un radar de capitales extranjeros, al avance de intereses vinculados al Reino Unido y a la falta de explicaciones claras sobre proyectos estratégicos en la provincia.
“Le mienten a la gente de Tierra del Fuego que sabe exactamente lo que ha sucedido”, afirmó, al tiempo que denunció que “hay un peligro nacional” en determinadas políticas vinculadas al Atlántico Sur.
Un grito que rompió el silencio del 2 de abril
La interrupción se produjo mientras Dachary desarrollaba su discurso oficial. Guzmán lo increpó a viva voz, acusando al Gobierno de “hipocresía” y reclamando coherencia entre lo que se dice y lo que se hace en materia de soberanía.
“¡Vergüenza, vergüenza!”, lanzó el veterano, generando una inmediata reacción dividida entre los presentes: aplausos de respaldo por un lado, gestos de rechazo por otro.
El funcionario provincial respondió visiblemente molesto: “Me estás ofendiendo. Yo también soy hijo de un veterano de guerra. Te pido respeto”.
Sin embargo, el clima ya estaba quebrado. El cruce no quedó aislado y rápidamente se trasladó al público, donde comenzaron a escucharse consignas como “¡Desarmen el radar!”, reflejando que el planteo de Guzmán no era individual, sino que encontraba eco en parte de la sociedad.
Una grieta en una fecha simbólica
El episodio dejó en evidencia una tensión latente en torno a las políticas vinculadas a Malvinas y al Atlántico Sur. La presencia de intereses extranjeros en proyectos estratégicos —como el cuestionado radar— aparece como uno de los ejes más sensibles del debate.
Para Guzmán, el problema no es sólo político, sino moral: “Que hagan lo que quieran con nosotros, pero no pueden venir a faltarle el respeto a los muertos”.
Sus declaraciones también revelaron que la protesta no fue improvisada. Según relató, ya había advertido previamente sobre su decisión de manifestarse si consideraba que el discurso oficial no reflejaba la realidad.
Entre la memoria y la disputa
Lo ocurrido en Ushuaia marca un punto de inflexión en una fecha históricamente atravesada por el respeto y la unidad nacional. La irrupción de Guzmán transformó el acto en un escenario de discusión abierta sobre soberanía, coherencia política y el rol del Estado en el Atlántico Sur.
Lejos de apagarse con el cierre del evento, el debate parece haber quedado instalado. Y con él, una pregunta de fondo que resuena más allá del episodio:
¿puede sostenerse un discurso de soberanía cuando una parte de sus protagonistas siente que se contradice en los hechos?




