El Consulado de Chile en Río Grande y Tolhuin llevó adelante este viernes al mediodía el acto central por las Fiestas Patrias chilenas, con una ceremonia encabezada por el cónsul Julio Villarroel Alarcón y acompañada por autoridades municipales, provinciales y nacionales, representantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, colectividades, instituciones, abanderados y vecinos.

Cónsul Villarroel reivindicó la historia compartida entre Chile y Argentina: “Son dos países, pero una isla”

El cónsul de Chile en Río Grande y Tolhuin, Julio Villarroel Alarcón, encabezó el acto central por las Fiestas Patrias y realizó un recorrido histórico por más de dos siglos de vínculos entre ambos países. Desde San Martín y O’Higgins hasta la presencia chilena en Tierra del Fuego, destacó el aporte de generaciones de inmigrantes, especialmente de Chiloé, recordó que el Consulado funciona en Río Grande desde 1920 y reivindicó una identidad fueguina atravesada por vínculos familiares, culturales e históricos a ambos lados de la frontera.

Río Grande, 18 de septiembre de 2026.- El Consulado de Chile en Río Grande y Tolhuin llevó adelante este viernes al mediodía el acto central por las Fiestas Patrias chilenas, con una ceremonia encabezada por el cónsul Julio Villarroel Alarcón y acompañada por autoridades municipales, provinciales y nacionales, representantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, colectividades, instituciones, abanderados y vecinos.

La conmemoración incluyó la colocación de ofrendas florales al pie del cenotafio al Libertador, ubicado en la intersección de las avenidas San Martín y Belgrano. La celebración incorporó además un “esquinazo” protagonizado por Raíces y Hermandad y Entre Fronteras, de Río Grande ––que convidó la tradicional chicha en cacho a los presentes–– junto al Club de Cueca Los Márquez, de Porvenir, con danzas y vestimentas tradicionales. El propio cónsul presidió la ceremonia vestido como huaso chileno, en tanto su esposa Paulina también visitó un traje típico de danza tradicional. Ambos bailaron piezas de cueca.

Pero el centro del acto estuvo marcado por el extenso discurso de Villarroel Alarcón, quien decidió apartarse de una evocación convencional del 18 de septiembre para reconstruir la relación histórica entre Chile y Argentina.

“Prefiero invitarlos a recorrer una historia que, a mi juicio, demuestra que la independencia de Chile no puede comprenderse sin la profunda amistad que desde sus orígenes une a chilenos y argentinos”, planteó.

 

Dos pueblos y una misma causa libertadora

 

El diplomático recordó que el 18 de septiembre de 1810 se constituyó la Primera Junta Nacional de Gobierno de Chile, punto inicial del proceso emancipador, y señaló que poco después el gobierno chileno envió una expedición auxiliadora a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La solidaridad se produciría luego en sentido inverso. Tras la ofensiva realista, numerosos patriotas chilenos debieron refugiarse en territorio argentino y encontraron acogida en las Provincias Unidas.

Fue en Mendoza, bajo el liderazgo del General José de San Martín, donde comenzó a gestarse el Ejército de los Andes. Villarroel recordó que soldados chilenos se incorporaron a las fuerzas argentinas y otros participaron de las expediciones corsarias comandadas por el almirante Guillermo Brown.

Entre ellos mencionó especialmente a Ramón Freire, quien años después se convertiría en Director Supremo de Chile.

Para el Cónsul, aquella cooperación constituyó un ejemplo extraordinario de dos pueblos que comprendieron que “la libertad de uno dependía también de la libertad del otro”.

 

San Martín, O’Higgins y la Virgen del Carmen

 

Villarroel incorporó a su relato otro elemento que consideró inseparable de aquella gesta: la devoción por la Virgen del Carmen.

Recordó que el 5 de enero de 1817, en Mendoza, José de San Martín y Bernardo O’Higgins, junto con oficiales y soldados del Ejército de los Andes, juraron fidelidad a la Virgen del Carmen antes de emprender el histórico cruce de la Cordillera.

Pocas semanas después, el 12 de febrero, las fuerzas libertadoras obtuvieron la victoria de Chacabuco. Un año más tarde se proclamaría formalmente la Independencia de Chile y posteriormente llegaría la victoria de Maipú, donde tuvo lugar el histórico abrazo entre San Martín y O’Higgins.

Villarroel vinculó aquel episodio con el actual Día de la Hermandad Chileno-Argentina, que se conmemora cada 5 de abril desde 2005, y anticipó su deseo de que Río Grande pueda celebrar esa fecha el próximo año.

También recordó el origen del Templo Votivo de Maipú y la profunda presencia de la Virgen del Carmen en la tradición histórica chilena.

En ese recorrido mencionó a monseñor Ramón Ángel Jara, entonces obispo de Ancud (Chiloé), y evocó la frase pronunciada durante la ceremonia vinculada al Cristo Redentor de los Andes: “Se derribarán primero estas montañas antes que chilenos y argentinos rompan la paz jurada a los pies del Cristo Redentor”.

El Cónsul destacó que una réplica del monumento se encuentra en el Palacio de la Paz de La Haya como símbolo de la resolución pacífica de las controversias entre ambos países.

 

Una independencia pensada como proyecto americano

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Otro de los conceptos desarrollados por Villarroel fue que tanto San Martín como O’Higgins concebían la emancipación por encima de las fronteras nacionales.

“Entendían la emancipación como una empresa americana”, señaló.

En ese contexto recordó la creación de la primera Escuadra Nacional chilena y la frase atribuida a O’Higgins cuando observó los primeros cuatro veleros desde los cerros de Valparaíso: “De esas cuatro tablas dependen los destinos de América”.

Aquella fuerza naval terminaría constituyendo la base de la Escuadra Libertadora del Perú. En 1820, Chile y las Provincias Unidas volvieron a unir esfuerzos en la Expedición Libertadora encabezada por San Martín para avanzar sobre la independencia peruana y consolidar la emancipación sudamericana.

Villarroel señaló que aquella escuadra desarrolló misiones hasta 1825 y que parte de sus embarcaciones llegó incluso a las costas mexicanas, utilizando ese episodio para ilustrar la amplitud regional alcanzada por aquel proceso independentista.

 

Chiloé y la construcción del extremo austral

 

El discurso adquirió luego un marcado carácter patagónico y fueguino. El Cónsul recordó que bajo el gobierno de Ramón Freire se produjo la incorporación definitiva del archipiélago de Chiloé a Chile, acontecimiento del cual este año se cumplen dos siglos.

A partir de allí destacó el papel de los chilotes en el poblamiento de la Patagonia y el extremo austral.

“Con su esfuerzo, espíritu solidario, sentido de comunidad y extraordinaria capacidad de adaptación, contribuyeron decisivamente a la ocupación y desarrollo de la Patagonia”, sostuvo.

Villarroel relacionó directamente aquella historia con las numerosas familias de ascendencia chilota que hoy forman parte de Río Grande y Tolhuin.

También recordó la importancia que O’Higgins asignaba al extremo austral y evocó que sus últimas palabras, antes de morir en 1842, habrían sido “Magallanes, Magallanes”, relacionándolo con la posterior expedición que partió desde Ancud hacia el Estrecho de Magallanes.

 

La comunidad chilena, anterior a la propia Río Grande

 

Uno de los tramos más estrechamente vinculados con la historia local estuvo dedicado a la presencia chilena en Tierra del Fuego.

“La historia de Tierra del Fuego tampoco puede comprenderse sin la presencia de la comunidad chilena”, afirmó Villarroel.

Recordó que Río Grande cumplió este año 105 años y sostuvo que los residentes chilenos forman parte de su historia desde antes de la propia fundación de la ciudad.

Como muestra de aquella presencia señaló que el 25 de octubre de 1920 el Estado chileno decidió trasladar su Consulado desde Ushuaia hacia Río Grande, por lo que la representación diplomática lleva más de un siglo asentada en esta ciudad.

“Pocas ciudades reflejan tan claramente como Río Grande la profundidad de la amistad entre ambos pueblos”, expresó.

Y sintetizó esa particularidad geográfica, histórica y humana con una frase: “Al final del día es una isla, es solo una isla; son dos países, pero una isla”.

 

Hasta el himno chileno guarda una conexión argentina

 

Villarroel encontró otro ejemplo de esa historia común en los propios símbolos nacionales. Explicó que la música del Himno Nacional de Chile pertenece al español Ramón Carnicer y su letra definitiva al chileno Eusebio Lillo Robles, pero recordó que el estribillo proviene de una composición anterior del argentino Bernardo de Vera y Pintado.

También señaló que, durante los primeros momentos del proceso independentista y antes de contar Chile con un himno propio, llegó a utilizarse la canción patriótica argentina.

El diplomático aprovechó además para explicar por qué las Fiestas Patrias chilenas se concentran en septiembre pese a que la proclamación formal de la Independencia ocurrió el 12 de febrero de 1818. Según relató, la acumulación de celebraciones vinculadas al proceso emancipador terminó llevando a concentrarlas en una única fecha: el 18 de septiembre.

 

“El 18 es mucho más que cueca y empanadas”

 

En la última parte de su mensaje, Villarroel se concentró en la identidad chilena contemporánea. Definió a Chile como una República unitaria y tricontinental, con presencia en América, la Antártica y Oceanía a través de Rapa Nui; una nación andina, marítima, insular y austral cuya identidad se construyó a partir de los pueblos originarios, el legado hispánico, las diferentes corrientes migratorias y generaciones de hombres y mujeres.

Pero remarcó que las Fiestas Patrias exceden ampliamente sus expresiones gastronómicas y folklóricas.

“El 18 es mucho más que cueca, empanada, etcétera. Es la expresión más profunda de nuestra identidad”, afirmó.

Para quienes viven fuera de Chile, agregó, septiembre representa particularmente la posibilidad de renovar el vínculo “con la historia, con nuestras raíces, con nuestras tradiciones y con los valores que compartimos como nación”.

 

La emoción de representar a Chile en Tierra del Fuego

 

Sobre el final, el Cónsul abandonó por un momento el recorrido histórico para realizar una reflexión personal acerca de lo que significa representar a su país lejos de su tierra natal.

“Como todo chileno que vive en el exterior, también siento la nostalgia y la distancia”, reconoció.

Sin embargo, aseguró que esa nostalgia se transforma en gratitud al encontrarse con compatriotas que mantienen vivas sus costumbres y las transmiten a las nuevas generaciones.

“Representar a Chile en Tierra del Fuego constituye para mí un inmenso honor y una enorme responsabilidad”, expresó.

Villarroel sostuvo que amar a la patria no implica considerarla perfecta, sino asumir el compromiso cotidiano de mejorarla para las generaciones futuras. También recurrió con humor a una conocida expresión popular chilena —“somos el mejor país de Chile”— para plantear que cada generación tiene la responsabilidad de construir una mejor versión de la nación que recibió.

Finalmente agradeció a las autoridades argentinas, a las instituciones fueguinas, a los amigos de otras colectividades y especialmente a los residentes chilenos en Tierra del Fuego.

“Que la historia compartida que comenzó hace más de dos siglos siga inspirando para construir un futuro de cooperación, respeto y amistad entre Chile y Argentina”, concluyó Villarroel, antes de cerrar con un enfático “¡Viva Chile!”.

Finalizado el acto central, autoridades e invitados se trasladaron al salón del IPRA “Héroes de Malvinas”, donde se realizó un brindis de honor con representantes de las fuerzas vivas de la ciudad y la provincia. Allí volvieron a dirigirse a los presentes el cónsul Julio Villarroel Alarcón y el intendente de Río Grande, Martín Pérez.