Eliana Pérez Mancilla, acompañada por su hijo, Carlos Mansilla, compartió una emotiva invitación a la comunidad para conmemorar sus 50 años ininterrumpidos como catequista en la Parroquia Virgen del Carmen el próximo domingo 19 de abril, a las 10 de la mañana.

Medio siglo de fe y servicio: Eliana Pérez Mancilla celebra 50 años de catequesis en Río Grande

Eliana Pérez Mancilla, acompañada por su hijo Carlos Mansilla, invitó a toda la comunidad a participar de la misa y homenaje por sus cinco décadas de labor catequística en la Parroquia Virgen del Carmen, una historia profundamente ligada al crecimiento espiritual y social de la ciudad. El oficio religioso se realizará en la Parroquia Virgen del Carmen el próximo domingo 19 de abril, a las 10 de la mañana.

Río Grande.- En los estudios de Radio Universidad 93.5 MHz, el programa “La Mañana de la Tecno” recibió a una protagonista silenciosa pero fundamental de la historia comunitaria de Río Grande: Eliana Pérez Mancilla. Acompañada por su hijo, Carlos Mansilla, compartió una emotiva invitación a la comunidad para conmemorar sus 50 años ininterrumpidos como catequista en la Parroquia Virgen del Carmen.

“Estoy feliz, muy feliz de haber transitado estos 50 años. Es un tiempo de servicio a Dios y al prójimo”, expresó con emoción, dejando en claro que su vocación no fue una decisión inmediata, sino un camino que fue descubriendo con el tiempo.

 

Los comienzos: una capilla, una guardería y una vocación que nacía

 

Eliana rememoró sus inicios en la década del ’70, cuando la actual parroquia aún no existía como tal. En aquellos años, el corazón espiritual del barrio era una pequeña capilla vinculada a la congregación de la Virgen Niña, donde trabajaban las hermanas Carla, Inés y Lourdes.

“Allá por 1976 empecé a ser catequista, pero antes ya conocía a las hermanitas desde la guardería. Ellas tenían una visión muy clara: en Río Grande hacía falta un espacio para los niños”, recordó.

Fue justamente a partir de ese vínculo que surgió su vocación. En medio de una situación personal de salud, una de las hermanas le insistió en que Dios le estaba pidiendo dar un paso más.

“Yo decía que no podía, que no estaba preparada. Pero un día me pregunté: ¿por qué no? Y di el sí. Fue un cambio total, algo muy hermoso”, relató.

 

La catequesis como construcción de vida

 

A lo largo de cinco décadas, Eliana acompañó a generaciones enteras de niños, muchos de los cuales hoy son padres, abuelos y hasta bisabuelos.

“El niño te enseña todos los días. Tenés que entender cómo llega: si está feliz, triste, enojado. El abrazo de un niño te llena el alma”, describió.

Su tarea no solo consistió en transmitir contenidos religiosos, sino en formar personas, acompañar procesos y sostener valores.

“Es una construcción permanente. Es un camino hacia la vida, enseñando a ser más generosos, más amables, más humanos”, reflexionó.

 

Una parroquia que creció con la comunidad

 

La historia de Eliana es también la historia de la parroquia. Desde aquella capillita inicial hasta la consolidación de la Parroquia Virgen del Carmen, el crecimiento fue colectivo y a pulmón.

“Éramos muchas catequistas trabajando codo a codo. Todo se hacía con alegría, con compromiso. Después se fueron organizando mejor los encuentros, la formación, todo fue creciendo”, señaló.

Ese desarrollo incluyó también el trabajo comunitario en la construcción de espacios como el gimnasio parroquial, levantado con esfuerzo y trabajo voluntario de vecinos.

 

El valor del servicio y el llamado a la participación

 

A lo largo de cinco décadas, Eliana acompañó a generaciones enteras de niños, muchos de los cuales hoy son padres, abuelos y hasta bisabuelos.

Lejos de romantizar la tarea, Eliana destacó el esfuerzo que implica sostener una parroquia activa.

“No es solo dar catequesis. Si hay que limpiar, se limpia; si hay que ayudar, se ayuda. Es un servicio ad honorem. Nos paga Dios con la vida, con la salud”, afirmó.

En ese sentido, hizo un llamado a la comunidad a involucrarse más activamente.

“Falta gente que se comprometa, que entienda el servicio. La parroquia necesita manos, corazones dispuestos”, sostuvo.

 

El orgullo de una familia y de toda una ciudad

 

Por su parte, Carlos Mansilla expresó el orgullo familiar por la trayectoria de su madre, destacando que se trata de una figura ampliamente reconocida en la comunidad.

“Es una antigua pobladora, muy conocida. Siempre se brindó. Para nosotros es un orgullo enorme. Creo que es la primera persona en Río Grande en cumplir 50 años consecutivos como catequista”, señaló.

Además, adelantó que la celebración será doble: una misa especial y un agasajo comunitario.

 

La invitación: una misa para celebrar la vida y la fe

 

Eliana extendió una invitación abierta a toda la comunidad para participar de la celebración.

“La misa será el domingo a las 10 de la mañana. Invito a todos mis chicos, a quienes pasaron por la catequesis, a que me acompañen. Me voy a sentir muy feliz”, expresó.

Ese mismo día, por la tarde, se realizará un encuentro comunitario a modo de homenaje, donde los asistentes podrán compartir alimentos y celebrar juntos.

 

Una historia que trasciende generaciones

 

Con humildad, Eliana reconoce que no logra dimensionar el paso del tiempo.

“No sé cómo llegué a los 50 años. Parece que fue ayer”, dijo.

Sin embargo, su historia habla por sí sola: cinco décadas de entrega, de fe y de construcción comunitaria que dejaron una huella profunda en Río Grande.

Porque, como ella misma resume, la parroquia no es solo un lugar: “Es mi segunda casa. Y la comunidad, mi familia”.