Durante una entrevista concedida al periodista Jorge “El Pulpo” Águila, en el programa “Está Pasando”, emitido por FM After 103.7, el vecino Leandro Flores relató las dificultades que enfrenta junto a su esposa, de 60 años, para acompañar a sus tres hijos adultos, quienes, según explicó, presentan problemas graves de consumo de drogas.

“Ya no doy más, por favor, necesito ayuda”: el desesperado pedido de un padre por sus tres hijos con problemas de consumo de drogas

Leandro Flores, un vecino de Río Grande de 57 años, relató el drama familiar que atraviesa desde hace varios años debido a los problemas de consumo de sustancias de sus tres hijos, de 19, 27 y 34 años. El desesperado progenitor aseguró que ha recurrido a distintas instituciones en busca de asistencia, pero que los tratamientos ambulatorios ofrecidos hasta el momento no han permitido sostener la recuperación de sus hijos. Desocupado desde hace ocho meses y trabajando de manera ocasional, pidió la intervención de las autoridades y advirtió sobre las consecuencias que esta problemática está generando en numerosas familias del barrio Austral.

Río Grande, 2 de noviembre de 2026.- El dolor, la impotencia y el agotamiento de un padre que lleva años intentando ayudar a sus hijos quedaron reflejados en el testimonio de Leandro Flores, un vecino de Río Grande que decidió hacer pública la situación que atraviesa su familia y solicitar la intervención de las autoridades para acceder a tratamientos adecuados frente a los problemas de consumo de sustancias.

Durante una entrevista concedida al periodista Jorge “El Pulpo” Águila, en el programa “Está Pasando”, emitido por FM After 103.7, Flores relató las dificultades que enfrenta junto a su esposa, de 60 años, para acompañar a sus tres hijos adultos, quienes, según explicó, presentan problemas graves de consumo de drogas.

Su relato puso de manifiesto una realidad que excede el ámbito familiar: las dificultades para sostener tratamientos, la falta de recursos económicos, los conflictos de convivencia y el deterioro emocional que pueden experimentar quienes acompañan a personas con consumos problemáticos.

“Tengo tres hijos varones que están en problemas de consumo”, comenzó explicando.

El vecino aseguró que sus hijos consumen una sustancia que describió como una preparación derivada de la cocaína, utilizada mediante dispositivos artesanales para fumar.

“Yo necesito, qué sé yo, ya no sé a dónde recurrir porque fui al juzgado, pido ayuda por todos lados. Lo único que me ofrecen es ambulatorio, pero no me sirve de nada”, manifestó.

 

Una búsqueda de ayuda que lleva varios años

 

Flores recordó que sus intentos por conseguir asistencia profesional comenzaron hace varios años y que, en 2018, solicitó una evaluación médica para uno de sus hijos.

Según relató, profesionales de la salud acudieron a su domicilio, evaluaron la situación y determinaron que correspondía gestionar una internación.

Sin embargo, aseguró que, pese a haber sido trasladado a Ushuaia acompañado por su madre, el joven regresó sin haber ingresado a un dispositivo de internación.

“El único lugar que hay es en Ushuaia. Pero es todo ambulatorio”, sostuvo al describir las alternativas que, según su experiencia, le fueron ofrecidas.

El padre explicó que sus hijos han concurrido en algunas oportunidades a consultas psicológicas, pero que posteriormente abandonaron los tratamientos.

“Van ellos, lo ve el psicólogo, lo único que hacen es ver al psicólogo y hablan con ellos. Bueno, venite, qué sé yo, el martes. Se van un martes y el otro martes ya cortan, no se van más”, relató.

Para Flores, una de las principales dificultades es lograr que sus hijos mantengan voluntariamente la asistencia profesional.

Aseguró que, cuando se encuentran en mejores condiciones, reconocen que necesitan ayuda, pero que posteriormente vuelven a consumir y rechazan continuar con el acompañamiento.

“Yo les digo dejate ayudar, yo voy a ir a golpear puertas, voy a pedir ayuda para ver qué hago”, expresó.

Su testimonio refleja la necesidad de contar con abordajes sostenidos e interdisciplinarios, capaces de acompañar tanto a las personas con consumos problemáticos como a sus familias.

 

“Ya no es vida lo que llevamos”

 

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista se produjo cuando Flores describió cómo la situación ha transformado la vida cotidiana de su hogar.

El vecino explicó que sus hijos, actualmente de 19, 27 y 34 años, atraviesan períodos en situación de calle y que, en ocasiones, regresan al domicilio familiar durante la madrugada.

Según relató, estas circunstancias provocan interrupciones constantes del descanso, discusiones y una preocupación permanente por su seguridad y la de otras personas.

“Ya no es vida lo que llevamos”, afirmó.

El padre reconoció que muchas noches permanece despierto por temor a que alguno de sus hijos sufra un accidente, resulte herido o protagonice situaciones que puedan perjudicar a terceros.

“Hay días que no dormimos. No dormimos porque estoy con el corazón en la boca, porque tengo miedo”, manifestó.

También explicó que él y su esposa han tenido que establecer restricciones para proteger su domicilio y sus pertenencias, aunque reconoció que resulta extremadamente difícil mantener esos límites cuando se trata de sus propios hijos.

“A ningún padre, madre, no le deseo que uno viva lo que yo estoy viviendo”, expresó.

Flores insistió en que la problemática se prolonga desde hace años y que el desgaste emocional afecta profundamente a toda la familia.

 

Los conflictos familiares y el dolor de reconocer lo que sucede

 

Durante la conversación, Leandro Flores también habló sobre situaciones de presuntos robos que atribuyó a sus hijos, tanto dentro del hogar como en el barrio.

Aseguró que, en algunas oportunidades, vecinos se acercaron para reclamarle por la desaparición de herramientas y otros objetos, y que él mismo intentó recuperarlos y devolverlos.

Incluso relató que, después de reconocer a uno de sus hijos en imágenes difundidas por un medio televisivo local, decidió acercarse a la vivienda de una persona damnificada.

Según explicó, su intención fue reconocer la situación y dar la cara ante el vecino afectado.

“Mi hijo, el que te roba, hermano, mi hijo, lamentablemente”, recordó haberle dicho.

Flores sostuvo que estos episodios le generan un profundo dolor porque siente que, además de afrontar los problemas de consumo, debe responder por situaciones que no puede controlar.

“Yo a mi hijo no le enseñé a robar, no le enseñé a drogarse”, afirmó.

El vecino aseguró que siempre procuró sostener a su familia mediante el trabajo y que le resulta especialmente difícil enfrentar el cuestionamiento de algunas personas de su entorno.

“Me duele, me duele porque estoy mal mirado por muchos vecinos”, manifestó.

Las situaciones descriptas corresponden al testimonio personal del entrevistado y no constituyen, por sí mismas, una constatación judicial de los hechos atribuidos a sus hijos.

 

La preocupación por el consumo en el barrio Austral

 

Flores también expresó su preocupación por lo que considera un crecimiento del consumo problemático de sustancias en el barrio Austral y otros sectores de Río Grande.

Durante la entrevista aseguró que conoce situaciones similares a las que atraviesa su familia y sostuvo que numerosos jóvenes se encuentran expuestos a sustancias altamente adictivas.

“Pero no por solo mis hijos, hay muchos chicos que están ahí. Y nadie hace nada, Jorge, nadie”, expresó.

El vecino también formuló denuncias públicas sobre presuntos puntos de comercialización de drogas y afirmó que los habitantes del sector conocen lugares donde se producirían estas actividades.

Se trata de acusaciones realizadas por el entrevistado que requieren investigación y corroboración por parte de las autoridades competentes.

Flores manifestó especial preocupación por la presencia de adolescentes que, según aseguró, estarían comenzando a consumir sustancias a edades cada vez más tempranas.

“Yo veo ahí chiquitos de 12, 13 años ya fumando esa cosa”, afirmó.

Para el padre, la problemática no puede abordarse únicamente desde la situación individual de cada consumidor, sino que requiere una respuesta institucional más amplia, que incluya prevención, atención sanitaria, acompañamiento familiar y acciones frente a la comercialización ilegal de sustancias.

 

Las dificultades económicas para acceder a tratamientos

 

Otro de los aspectos centrales del testimonio estuvo relacionado con la situación económica de la familia.

Flores contó que tiene 57 años, que se encuentra sin empleo estable desde hace ocho meses y que actualmente obtiene ingresos mediante changas, viajes y trabajos ocasionales.

Explicó que ha realizado consultas en organismos judiciales y que, según le informaron, para avanzar con determinadas gestiones debía presentar una declaración jurada de ingresos familiares.

El vecino manifestó su preocupación porque considera que los ingresos que eventualmente percibe no alcanzan para afrontar los costos de tratamientos privados o internaciones.

“Tengo que comer, tengo que pagar cuentas y no me alcanza”, señaló.

Durante la entrevista indicó que, aun cuando pudiera reunir aproximadamente 800 mil pesos mensuales, esa suma debería destinarse al sostenimiento del hogar y a sus obligaciones habituales.

“Y no me da, pero no me da. Tengo tres, no es que tengo uno, tengo tres”, expresó.

El padre sostuvo que su intención no es desentenderse de sus hijos, sino conseguir una asistencia profesional que excede sus posibilidades personales y económicas.

También relató que realizó consultas ante organismos nacionales vinculados con la atención de consumos problemáticos y que recibió orientaciones para recurrir a la Justicia.

Sin embargo, aseguró que hasta el momento no encontró una respuesta que considere suficiente para la gravedad de la situación.

 

El pedido de internación y los límites legales

 

Durante la entrevista, Flores planteó reiteradamente su deseo de conseguir un tratamiento de internación para sus hijos.

Explicó que, desde su experiencia, las consultas ambulatorias no han logrado sostener la continuidad terapéutica y que considera necesario un dispositivo de atención más intensivo.

No obstante, la internación involuntaria por motivos de salud mental o consumos problemáticos se encuentra regulada por la legislación argentina y no puede disponerse únicamente a pedido de un familiar.

La Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657 establece condiciones específicas para estas intervenciones, que requieren evaluaciones interdisciplinarias y la existencia de una situación de riesgo cierto e inminente para la persona o terceros, además de los controles correspondientes.

Por lo tanto, la necesidad de una internación debe ser determinada por profesionales competentes, de acuerdo con las circunstancias clínicas y legales de cada caso.

El reclamo de Flores pone de manifiesto la importancia de que las familias reciban orientación clara sobre los dispositivos disponibles, las posibilidades de atención y los procedimientos establecidos para situaciones de crisis.

 

“Hasta que no te toque tu familia, no vas a entender”

 

Uno de los mensajes más contundentes del vecino estuvo dirigido a quienes observan los problemas de consumo desde afuera, sin conocer las dificultades que atraviesan las familias afectadas.

Flores sostuvo que muchas veces los padres son juzgados por las conductas de sus hijos, sin que se comprenda el sufrimiento que implica convivir con situaciones de dependencia, recaídas y conflictos permanentes.

“Y por ahí la gente juzga mal a los padres, a la madre”, expresó.

También manifestó que, en su experiencia, resulta imposible transmitir completamente la dimensión de este sufrimiento a quienes no lo han vivido.

“Una cosa es que yo estoy contando lo que estoy diciendo acá, la otra es vivir”, señaló.

El vecino insistió en que su pedido no responde solamente a la situación de sus tres hijos, sino también a la preocupación por otras familias que podrían estar atravesando circunstancias similares.

“Hasta que no te toque la familia tuya. Cuando te toque tu familia, ahí recién querés reaccionar, pero ya es tarde”, advirtió.

 

Un llamado a las autoridades y a la comunidad

 

Hacia el final de su testimonio, Leandro Flores volvió a reclamar una intervención concreta de las autoridades para encontrar alternativas de tratamiento y acompañamiento.

Mencionó a organismos judiciales, autoridades municipales y otras instituciones que, a su entender, deberían participar en la búsqueda de respuestas frente al consumo problemático de sustancias.

El vecino sostuvo que no puede continuar afrontando la situación únicamente con los recursos de su familia.

“Si alguien, autoridades, jueces, intendentes, alguien que no vaya y meta la mano y diga, bueno, hasta acá, y acá hagamos algo, acá esto se desmadra”, expresó.

Su relato constituye un pedido público de ayuda que merece ser escuchado y evaluado por los organismos competentes, tanto desde el ámbito sanitario como desde los dispositivos de asistencia social y acompañamiento familiar.

La situación expuesta también permite visibilizar las dificultades que pueden enfrentar las familias cuando los tratamientos se interrumpen, las personas afectadas rechazan continuar la atención y los recursos económicos resultan insuficientes.

Más allá de las circunstancias particulares de este caso, el testimonio plantea la necesidad de fortalecer las redes de prevención, tratamiento, rehabilitación y acompañamiento para quienes atraviesan problemas de consumo y para sus entornos familiares.

Leandro Flores no pidió privilegios ni soluciones económicas para sí mismo. Su reclamo estuvo dirigido a conseguir asistencia profesional para sus tres hijos y recuperar una convivencia familiar que, según describió, lleva años profundamente deteriorada.

Su pedido quedó sintetizado en una frase que repitió durante la entrevista y que refleja el agotamiento de un padre que siente haber llegado al límite de sus posibilidades:

“Ya no doy más, no doy más, por favor, no doy más. Necesito ayuda”.